Deja de mirar a las personas a través de sus pantallas

Foto

Estos días ha resurgido un tema que ya me hizo escribir una vez, aunque la motivación es bastante distinta (y afortunada). Con la digitalización progresiva de nuestras rutinas y costumbres se habla mucho de «ver el mundo a través de la pantalla», o lo que es lo mismo, estar pendiente capturar los momentos de nuestra vida, con la connotación de que es algo negativo al priorizarse la parte electrónica a la real. Expresión que fue la tesis que defendía Javipas en Incognitosis, y por lo que decidí pasarme por ahí a rebatir el planteamiento en su momento.

Pese a ello, no me acabé de quedar a gusto, y el gusanillo por dejar claro mi mensaje quedó en mi mente como esa nota de aviso a la que siempre das «posponer». Me animó ver que efectivamente había un estereotipo y un prejuicio sobre quienes contamos en miles nuestras publicaciones en redes sociales, especialmente en Instagram. Una imagen que dista de la realidad de muchos de nosotros, pero lo que más me entristece es la idea de que reflejamos la vida que no tenemos y queremos tener.

Nada más lejos de la realidad, y permitidme que me ría.

La pantalla no es una causa, es una consecuencia

Es muy sencillo, os explico: la pantalla no es una causa, es una consecuencia. No es la prioridad, es el aliciente. No es el presente, es el futuro y el pasado. Tú estás en un momento agradable y lo disfrutas, y la tecnología nos ha brindado una manera de recordarlo que va más allá de algo tan abstracto, fugaz y frágil como un recuerdo.

Una fotografía no tiene porque ser un obstáculo, un gasto de tiempo o uno de esos antifaces para dormir. Haz una prueba conmigo: levántate y ponte en condiciones de estar fuera de casa. Ahora atiende que esto es fugaz: levanta la mirada, gírate a la derecha el ángulo que quieras (a las 2:00, por ejemplo) y fíjate en lo primero que veas, y corre a sacar una foto con el móvil. ¿Has tardado mucho? ¿Has respirado más de una vez durante el proceso? Puede que de esto ni te hayas dado cuenta. Estamos en 2016 y hacer una foto, aún sin el supuesto «estrés» que yo te he hecho pasar en el test, es rápido. Sutil. Automático. La instantánea nunca lo fue tanto como lo es ahora (lo siento, puristas).

Una fotografía no es sólo lo que sale, es un momento

Una fotografía no es sólo lo que sale, es un momento. Es un «guardar como» que se ríe del RAW porque la información multisensorial que guarda no se puede medir ni siquiera en teras. E Instagram resulta que es un escaparate de fotos. Hay de todo; hay bots, guarradas, estupenditis, promociones y viajes pagados por la cara con más hashtags que foto (desenfocada y no enderezada). Pero para eso está el criterio, la asimilación del consumismo y las ganas.

>Tu criterio te va a permitir hacer lo que haces en tu lector de feeds, tu Twitter o tu conversación en el bar: elegir a quién sigues.

>Tu asimilación de consumismo va a hacer que el día que te encuentres un post promocionado o un repost insulso de algún contacto pases y a otra cosa (o unfollow).

>Y las ganas van a determinar que quieras o no usar tu tiempo una vez hayas dicho a la app qué mostrarte, porque hasta que los robots de Musk dominen el mundo nosotros mandamos sobre la tecnología; como le digo a mi madre, los ordenadores son tontos y les hemos de decir siempre qué hacer.

Quienes os lamentáis de nuestra actividad tenéis una visión parcial e injusta de la misma, y hacéis un juicio erróneo. Nos ponéis por debajo de esas tontas máquinas y nos secuestráis por ellas. Nos hipnotizáis a través de las pantallas y de lo que ofrecen. Y no hay esposas, ni mordazas, ni esa dictadura de lo electrónico que esbozáis con vuestra condescendencia e incomprensión. Y no espero que vosotros me entendáis, no seré yo quien ose desde mi modesto lugar de reflexión indicaros cómo pensar o enjuiciar, pero quiero ser la modesta portavoz de quienes no vivimos a través de una pantalla, pero la utilizamos para revivir lo vivido (valga la redundancia). Así que permitidme musitar a la multitud.

No, no claméis a vuestro cielo post-digital por nuestro tiempo, por nuestros viajes. Lo pasamos bien, muy bien, y luego a veces miramos una foto que nos hace visitar aquel momento mágico otra vez sin que sea una búsqueda en Google Maps, si no la emulación de aquel momento.

No, no lamentéis que saquemos nuestro móvil. Que seamos egoístas y avariciosos y queramos capturar un momento para tenerlo de manera infinita por duplicado, como los buenos usuarios, con el original orgánico y un backup en la nube, en la que sea.

No, no penséis que no sabemos disfrutar y que sacrificamos momentos únicos. Los guardamos para la posteridad, y no pueden guardarse si no se viven. Recordad: la foto es una consecuencia, no es la causa. No es un sustitutivo, es un complemento.

No, no nos pongáis nombres con connotaciones. No nos metáis a todos en un saco. No os acomodéis en unas anteojeras que el hastío, el agotamiento o la experiencia os colocó. Habláis de sensaciones y de momentos inolvidables, pero olvidáis la empatía, y no veis que nosotros también las tenemos. Si izáis el dedo con intención de señalarnos, mejor dejadlo caer para pulsar el botón de la empatía, que se os ha apagado.

Repito algo que si estáis tan hartos de haber hecho fotografías deberías saber: una foto no es lo que muestra, es un momento.

Son nervios de los de costumbre.

 

Son los mejores.

 

Son deseos imposibles teñidos de esperanza infantiloide.

 

Son rituales que ya no volverán.

 

Son inicios.

 

Son felicidad por ignorancia.

 

Son unión, decisión y compatibilidad.

 

Son horas de preparación.

 

Son ella.

 

Son él.

 

Son rabia e impotencia.

 

Son satisfacción y un «chúpate ésa».

 

Son hola. A unos.

 

Son adiós. A tanto.

 

Son sí o sí.

 

Son el reencuentro y el asentamiento.

 

Son miedo y osadía.

 

Son un rubor.

 

Son comprensión.

 

Son olvidar quién eres, qué piensas y qué no aguantas.

 

Son la mejor persona.

 

Son y no serán.

 

Son billetes (sólo) de ida.

 

Son cambios de vida.

 

Son conjuras entre risas.

 

Son «Pues yo sí».

 

Son cuatro palmadas efusivas.

 

Son pasión y sueños fraternales.

 

Son batalla, guerra y victoria.

 

Son destino.

 

Son profecías.

 

Son irrepetibles.

 

Son la última vez que nos robó. La que aún no le he perdonado.

 

Son la cadencia entre dos calderones.

 

Son el me da igual.

 

Son vuestro concepto erróneo.

 

Sed felices, que ya nos cuidamos nosotros de serlo y compartirlo.

3 pensamientos en “Deja de mirar a las personas a través de sus pantallas

  1. Buen desarrollo de tu comentario en mi blog, gracias por la mención compañera 🙂 Supongo que entenderás que mi crítica no era a Instagram, a nuestros móviles o a cualquier otra red social y herramienta. Lo dije allí y lo repito aquí: son solo eso, herramientas, y luego cada uno puede usarlas de una u otra forma que serán mejores o peores para cada cual.

    Eso es lo que yo criticaba: la forma en la que para mí esas herramientas no deben usarse porque convierten en mucho más importante capturar ese momento y compartirlo que vivirlo. Yo hago fotos -e instantáneas, que parece que ahora son distintas- pero trato, como dije en el blog, de respirar y disfrutar del momento antes de sacarlas. No se trata de eliminar esa parte que como dices nos permite revivir esos momentos. Se trata de no supeditar el momento a convertirlo en un recuerdo que luego además se transforma. Lo apuntaba muy bien el chico que enlazaste en tu comentario.

    Mi conclusión: que vivan las herramientas, y que cada uno haga lo que quiera con ellas. Respeto ante todo. Eso sí, luego yo seré igualmente libre de poner a caldo a quienes creo que las usan mal 😛

    Saludos!

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  2. Gracias por pasarte por aquí, Javi. Sí, en realidad mi post no va sólo en respuesta a tu tesis (aunque ésta fuese un excelente detonante), sino a la de algunos de los comentarios que tuviste y a esa concepción a la que hago referencia, esa lástima o prejuicio que me parece tan injusta.

    Como dices, son herramientas. Herramientas que vienen sin manual de instrucciones y que muchas veces, como comentaba Roberto (el chico al que te enlacé) nos empeñamos en poner, bien por experiencia, por ego o por la razón que sea. Y no sólo no lo tienen, sino que merecen, como dices, un respeto ante cualquier manera de usarlas, para quien se ausente, para «instagrammers», «twitstars» y toda la fauna que habitamos las redes sociales.

    Como te comenté, me encanta debatir sobre los cambios sociales que implica la tecnología, y éste justamente me tocaba de cerca. Y ha sido interesante ver que la gente ha reaccionado con nuestras exposiciones (mínimamente por aquí, dado mi perfil y el de este blog, sin embargo bastante más de lo habitual). Así que de nuevo gracias y hasta el próximo debate 🙂

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  3. […] mí la moraleja se trata de eso, de hacer fotos, muchas fotos, todas las que se quiera con la cámara o el teléfono que tengamos a mano para recordar momentos que…, pero que tratemos de hacer fotos que realmente nos gusten y que siempre queramos ver con tres […]

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