El plan B

Hola, Señor General:

¿Cómo está? ¿Y la familia? Seguro que sigue igual, sin parar de trabajar y llevándolos de cabeza. Sus hijos seguirán insistiendo en que delegue y usted les seguirá mandando al cuerno. A mí nunca me mandó pese a que también me unía a las recomendaciones, sin embargo fui yo quien acabó yéndose.

Por aquí todo bien. Al final conseguí la vieja casa en el lago, y casi me quedo sin un clavo entre compra y reformas. La vendía un señor unicejo con un mostacho paralelo (era tronchante, era como un signo “=“ pero con sombrero de paja y mal humor) que llevó la negociación hasta que mi imaginación acabó depilándole el bigote a la cera. Pero valió la pena aguantarle, y tanto que valió.

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El Espinazo del Diablo

Es fácil acostumbrarse a las cosas cuando te rodean continuamente, lo haces casi por obligación. Al menos a mí me pasa eso con el frío. Y eso que soy friolera, pero cuando toca pasar unos días despertando con nieve, comiendo con nieve y durmiendo con nieve, al final el frío es como el respirar, o como cuando vas con tacones, que lo notas cuando te los quitas (sobre todo).

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